sábado, 12 de enero de 2013

Con arte: Carlos Dapena Fernández

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Continuamos en este blog la serie de entrevistas a personas destacadas de la cultura y del arte, al objeto de dar a conocer un poco más la figura humana y artística de cada una de ellas, iniciada con el pintor ferrolano D. Carlos Barcón Collazo, y continuada con la del escritor Antón Cortizas Amado [que podéis leer pinchando en el enlace de su nombre].

Como en las entrevistas anteriores, esta Junta Directiva les pide a ustedes que no sean muy severos con nosotros, ya que no somos periodistas (y no lo pretendemos), solamente nos mueve la ilusión y las ganas de ofrecerles, a través de esta página, información cultural.

Hoy vamos a poder acercarnos un poco más a la figura del actor ferrolano Carlos Dapena Fernández, a través de la entrañable entrevista que le hizo su hermano, J. Ignacio Dapena Fernández, presidente de nuestra Junta Directiva.

Hermano Carlos, mi primera pregunta es: ¿en qué colegio estudiaste?

Estudié en los Mercedarios de Ferrol, o sea, en "los frailes" como nos reconocíamos por aquel entonces.

Estando en el colegio, ¿representaste alguna obra de teatro?

Allí no hice teatro, allí hice futbol, que era mi pasión. Guardaba la meta del equipo del colegio como si fuera la puerta de mi casa. Recuerdo aquellos tiempos con un enorme cariño (los del fútbol, claro).

Ya de más mayorcito y en el grupo de teatro de Ferrol, que se llamaba Teatro Estudio, hice un papelito en una obra de Eugene O´Neill, "Anna Christie", donde también trabajó nuestro hermano Fernando. Y ahí empezó todo.

Tu historia me dice que ya hace años, has estado en Barcelona, ¿Dónde estudiaste Arte dramático? ¿Representaste allí alguna obra de teatro?

El destino me llevó a Barcelona, donde para mitigar mi aburrimiento, me metí en el Instituto del Teatro o sea la Escuela de Arte Dramático de allí. Dentro de la Escuela fui elegido para formar parte de un grupo de teatro moderno, muy agresivo, que se llamaba "Los Cátaros" y allí continué hasta que nos vio Adolfo Marsillach y nos contrató para representar en Madrid, y luego en Barcelona, la obra "Marat Sade", suspendida más tarde por el autor con motivo de "la persecución a obreros y estudiantes" en tiempos de Franco (año 1.968, creo).

“En los días de Mayo del 68 -cuenta Pou- yo era un chiquilicuatre que estudiaba el primer curso en la Escuela de Arte Dramático y me moría de ganas de hacer teatro. Un día apareció por allí Marsillach: buscaba, dijo, cuatro alumnos "altos y fuertes, capaces de meter en cintura a unos locos peligrosos". Marsillach pasó revista, como en la mili, y dijo: "Tú, tú, tú y tú". Antonio Malonda, nuestro profesor de expresión corporal, nos explicó las razones de la misteriosa visita. Adolfo iba a montar Marat-Sade, la obra que Peter Brook había catapultado al éxito desde Londres.”

“La noche del 2 de octubre, el Español abrió sus puertas con todo el papel vendido. Estaba allí la profesión al completo, y las "fuerzas vivas" de la cultura y el antifranquismo. El espectáculo comenzaba en la misma platea, con los locos más peligrosos encerrados en una enorme jaula que ocupaba el pasillo central del teatro. Los locos subían y bajaban como monos por las rejas; increpaban a los espectadores, les arrojaban pieles de plátano, les escupían. El resto de la compañía esperábamos en el alucinante y barroquísimo espacio creado por Nieva. En el centro, una vaca desollada y abierta en canal colgaba de unas cadenas. Aquella escenografía fue lo más grande que hizo Nieva, tan creador de Marat-Sade como Marsillach.”

“En diciembre, Franco decretó el estado de excepción en Guipúzcoa. Poco después llegó la noticia de la muerte de un estudiante, Enrique Ruano: según la policía, se había arrojado desde un séptimo piso durante un interrogatorio. Nadie creyó la versión oficial de los hechos. El 4 de enero, con las facultades de Madrid y Barcelona en pie de guerra, el estado de excepción se extendió a todo el país. Lo más irónico del final de Marat-Sade fue que no lo prohibió la dictadura sino el propio Peter Weiss como medida de protesta, y que Robles Piquer, en nombre de Fraga, exigió a Marsillach que continuaran las representaciones. Adolfo no quiso seguirles el juego. Reunió a toda la compañía y les comunicó su decisión de retirar la obra de cartel. Fue muy triste, pero la semilla ya estaba plantada.”

[Información extraída de El País. Para leer el resto de la interesante noticia pinchar aquí.]

Te trasladaste a Madrid, ¿cómo fueron tus comienzos en el Teatro?

Dejé, ¡por fin! Barcelona y me vine a Madrid, donde ingresé en el TEATRO ESPAÑOL. Allí estuve tres años, ya con el nombre artístico de CARLOS TORRENTE [mi tercer apellido] y desde ahí continué con mi carrera, trabajando con casi todos los actores más importantes de la época y directores de los que ya no hay: Marsillach, Narros, Vergel, Osuna, Canseco, Ana Mariscal, Guirau, Fernán-Gómez y muchos más.

Con el paso del tiempo llegué a "especializarme" en teatro clásico interpretando obras de Lope de Vega, Calderón, Shakespeare, Tirso de Molina, Lope de Rueda, Zorrilla...

Claro que continué haciendo teatro "normal", tanto comedia como drama.

Trabajé con distintas compañías en todos los teatros romanos de España, menos en el de Cartagena, que entonces aún no se había descubierto.

Hice también teatro infantil, en fin, de todo un poco.

Fuera de España, ¿en qué lugares trabajaste? Como se suele decir, ¿saltaste el charco?

Representé funciones, además de en toda España y durante muchos años, también por el extranjero: Alemania, E.E.U.U, Canadá y Méjico. Así que sí, salté el charco.

¿Y trabajaste aquí, en la ciudad que te vio nacer?

Sí, también trabajé en Ferrol, en el Jofre, con Ana Mariscal, haciendo "Deja dormir al perro dormido", versión española del "Curva peligrosa" de Priestley.

¿Además del oficio de actor, hiciste alguna otra cosa relacionada con la profesión?

Hice un poco de doblaje, pero "no me iba".

Por último, monté una Compañía “Doblón Teatral”, con otros tres compañeros y mi mujer, Ana I. Hernando, para que sirviera un poco de colofón a mi carrera. Montamos una versión para niños-adultos del Quijote, medio dirigida por mi, donde interpretaba a ese maravilloso personaje.

Estoy muy orgulloso de ese montaje y de haber interpretado a ese personaje con el que tengo, no pocas afinidades, salvando las distancias, claro.

¿Con qué actores has trabajado?

¿Actores con los que he trabajado? Los mejores, sin lugar a dudas: Fernando Fernán-Gómez, Adolfo Marsillach, Luchi Soto, José. Mª Prada, Guillermo Marín, Carlos Lemos, Francisco Hernández, Paco Portes... Una pléyade de los mejores actores de teatro y otros que, con el tiempo, se fueron asomando a las candilejas, poniéndose en puntillas para agregarse a este oficio tan hermoso, tan duro y a menudo tan ingrato como efímero. 

Y así a grandes rasgos fue mi vida sobre las tablas y con muchos kilómetros a las espaldas por los caminos polvorientos de España y del mundo. Estoy satisfecho.

Antes de despedirnos ¿Recuerdas alguna anécdota o historia, que te gustaría compartir con nosotros?

Podría contarte unas cuantas historietas del teatro, pero quizá la más fuerte fue cuando me caí del escenario en Granada, haciendo "El alcalde de Zalamea". Yo interpretaba al Capitán y en un momento dado tenía que colocarme a oscuras en un punto determinado del escenario, cerca de la batería (lugar próximo al borde del escenario), y medí mal la distancia -recuerda que era a oscuras- y desde ahí me caí con todo el equipo, y nunca mejor dicho pues iba ataviado con el vestuario propio de un capitán de los tercios del Rey Felipe II, con guerrera, botas altas, espada, y desde allí caí al patio de butacas. Menos mal que en esa sala hay una buena distancia desde el escenario al patio donde se sientan los espectadores y no me caí encima de nadie. Eso sí, me rompí tres costillas y el tobillo se puso como una botella de vino tinto....Pero de un salto me subí al escenario que estaría a dos metros de altura, continúe la función y luego me llevaron al hospital. En fin. ¡Cosas de actores!

Muchas gracias, hermano.


José Ignacio Dapena Fernández

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